jueves, 31 de octubre de 2013

Canalejas de Puerto Real, dibujo

...en clave de Cómic.

Juan Pérez Sánchez (Puerto Real, 1905) - Jaén, 1966) cantaor payo flamenco conocido artísticamente como Canalejas de Puerto Real. Descendiente de una famila de cantaores gitanos de Jerez llamados los Paquirri, raíces que tuvo para destacar en los cantes festeros. Fue acompañante suyo a la guitarra Vicente el Granaino.


<img src="Canalejas.jpg" alt="Cantaor de Puerto Real en Cómic">

INFANCIA:
A él le pusieron Canalejas y a uno de sus hermanos Moret de los siete hermanos que eran, siempre estuvieron juntos en su infancia, por todas las cercanías de los puertos, como para ir en busca de alguna fiesta para ganar unas pesetas. La vida flamenca por aquel entonces era las reuniones, bodas, bautizos como alguna que otra actuación en los cafés cantantes que había en Puerto Real, y en sus alrededores como San Fernando, Jerez, o en el mismo Cádiz.

CARRERA PROFESIONAL:
Trabaja como peón de carpinteros y comienza cantando en pequeños cafés y en fiestas, hasta que es descubierto por un aficionado quien le anima para que se dedique a la música de forma profesional. Finalmente viaja como polizón a Barcelona donde ayudado por Rafael de la Cabeza entra en el mundo del flamenco de la capital catalana.
A partir de 1932 comienza a hacerse un hueco en el mundo del flamenco actuando en Barcelona y en Valencia hasta que en 1934 debuta en el Salón Olimpia en Madrid junto con Angelillo y el Pena hijo. Ese mismo año también actúa en el mítico Circo Price junto cn José Cepero. El éxito le acompaña hasta el inicio de la guerra civil que le lleva a la cárcel por sus ideas republicanas. En 1939 regresa a los escenarios actuando en Cádiz junto con la Niña de los Peines y El Sevillano. Durante los años cuarenta del siglo XX canta con las principales estrellas flamencas de la época destacando especialmente las que realizó junto a Pepe Marchena
En los últimos años de su vida comenzó a participar en diversos concursos de flamenco. En 1963 ganó el concurso de la Lámpara Minera de Murcia y el primer concurso de Cantes de Levantes y al año siguiente, en 1964 el concurso nacional de Córdoba y el segundo para profesionales de cartageneras, celebrado en la localidad de Cartagena.

Se queda a vivir en Jaén donde ya conocía a la mujer que iba a ser su esposa y la madre de sus tres hijos. En Jaén se establece montando una empresa de taxis, hasta sus días de existencia.

Cierta noche fueron Canalejas y Moret al teatro Real de San Fernando a escuchar a Manuel Torre, no quedando (al menos buenos aficionados) contentos con la actuación del genial maestro de los duendes negros y a la mañana siguiente, tal vez de madrugada, en la reunión que solían tener los cabales después de cualquier actuación, se coló como de rondón el jovencísimo puertorrealeño y en medio de los aficionados allí presentes se arrancó por siguiriya, haciéndole el cambio de Manuel Torre y dejando con apenas 13 años boquiabiertos a los grandes aficionados que en torno al maestro jerezano se dieron cita...

Esto iba a suponer algo muy importante para el futuro de este joven mocetón, pues ya no se trataba de cantar (cosa que hacía con regularidad) por las bodas o bautizos de Puerto Real o algún cortijo de la zona, sino que se trataba de cantar en una reunión de cabales después de oír al gitano más puro que según muchos dio el cante y cantando precisamente su particular siguiriya, animándole a seguir por esa línea de pureza los allí presente y regalándole (quizá su primer jornal) la nada despreciable cantidad por entonces de cincuenta pesetas. ¡Mucho tenían que mariscar Canalejas y Moret para conseguir diez duritos (como ellos mismos decían), y esa noche lo hizo Juan con un cante y a gusto con lo que hacía!.

Pronto dejó, al menos de forma continua, el marisqueo para intentar la "aventura" y trabajar en los astilleros conocidos en Puerto Real como el dique, comprándose él mismo las herramientas necesarias para la carpintería y presentándose a examen que aprobaría más por su voluntad que por sus destrezas, el oficio de carpintero, colocándose en el comentado dique como peón.


Mientras tanto seguía su vida flamenca entre reuniones, bodas, bautizos con alguna que otra actuación en los modestos cafés cantantes que había en Puerto Real, San Fernando o en Jerez, cobrando las menos de las veces tres o cuatro duritos que le ayudaban a esos gastitos que ya nuestro cantaor empezaba a tener, pues ya se producían sus pequeños escarceos con los amigos dentro del ambiente flamenco, cosa que al puertorrealeño le encantaba.

Otras fuentes:   web archive.org

miércoles, 30 de octubre de 2013

Pericón de Cádiz en Cómic


....Dibujo de personajes de la flamencología de la provincia de Cádiz.

Juan Martínez Vílchez, (Cádiz 1901-1980), que así se llamaba civilmente Pericón de Cádiz, protagonista y testigo de la evolución del flamenco y de la flamenquería, de los cambios en los cantes antiguos y en la consideración social de los cantaores.

<img src="Pericón de Cádiz.jpg" alt="dibujo de cantaor gaditano">



Pericón, heredero de los cantes de Enrique el Mellizo, conoció el hambre y la época de los cantaores contratados por los señoritos para sus juergas en los reservados de las ventas y los cafés cantantes, participó luego en giras con Las calles de Cádiz, llegó a oír a los viejos maestros y enriqueció esa herencia con aportaciones y matices personales, con un excepcional sentido de la medida y el compás. Dejó testimonio de ello en numerosas muestras grabadas en pizarra y vinilo. Pero eso forma parte de la discografía y la crítica musical.

Maestro de la escuela gaditana, comenzó a cantar muy niño en los pescantes de los coches, según costumbre muy arraigada en Cádiz de que clientes de coches de alquiler solicitaran los servicios de un cantaor para recorrer la ciudad en noches de juerga. También de niño vendió caramelos por las calles, anunciando su mercancía con un bonito pregón. Después ya comenzó a entrar en las fiestas de los establecimientos de la zona, y por fin Marchena se lo llevó en una de sus giras. Pericón trabajó mucho en espectáculos teatrales y en tablaos. Participó en la versión de 'Las calles de Cádiz' que llevó al teatro Concha Piquer. Los trece últimos años de su vida profesional los pasó en el histórico cuadro grande del tablao madrileño Zambra. Un libro de sus memorias escrito por José Luis Ortiz Nuevo y titulado 'Las mil y una historias de Pericón de Cádiz' dio amplio testimonio de la vida y andanzas de este personaje y de la época que le tocó vivir. Como todos los cantaores gaditanos de su generación, siguió fundamentalmente la escuela de cante emanada de Enrique el Mellizo. El poeta Luis Rosales dejó de él una semblanza llena de lirismo y belleza: "Viste siempre de negro -todos los cantaores visten igual- como vestía la nobleza española en tiempo de los Austrias. Lleva camisa con chorreras y zapatos de tacón alto. En su atuendo muestra arcaísmo, señorío y un cierto dejo sacerdotal. Se mueve lento y parsimonioso y, al moverse, deja ver sus asomos de camisa en los puños. No hay compostura como la suya. No hay gravedad como la suya. Tanto es su señorío que únicamente al sentarse advertimos que es grueso. El señorío creo que estiliza un poco la figura. Tiene los ojos claros, impasibles, semientornados, y aunque le llaman -'Arsa, Pericón'- no mueve la cabeza, no gira el cuerpo; mueve los ojos solamente. Parece un Buda. Canta hierático, quietísimo y garboso, como si no moviera un solo músculo de la cara. Aun en su mismo silencio hay sorna y, desde luego, gracia. Tiene algo ritual pero condescendiente, y mueve las manos de una manera tan precisa, que nos encanta, y casi nos alegra, verle sacar el pañuelo. Quien hace ante nosotros un gesto delicado, parece regalarnos algo. Habría que darle las gracias. Luego cuando se sienta, se sienta completamente bien igual que el agua llena el vaso. 'Arsa, Pericón' y entonces, al levantar la mano para cantar, deja la mano quieta y alta, como si le doliera. Tiene un brillo perlado en la piel, y el sudor, no sabemos por qué razón, no le moja la cara. Canta magistralmente los cantes de Cádiz. De cante en cante, pestañea. Éste es su único movimiento. Al sentir que le aplauden, va quedándose cada vez más cabal, más apretado con el silencio. No se calla, se ajusta. Es como si el silencio lo fuera torneando. Si le llamas, no mueve la cabeza: mira hacia ti girando el cuerpo. No abre los ojos mucho. No mira demasiado. Dentro del mundo en que vivimos no existe compostura como la suya".

Fuentes:
http://encuentrosconlasletras.blogspot.com
https://www.flamenco-world.com/

lunes, 28 de octubre de 2013

Eurelio Sellés en Cómic

Dibujo de cantaor gaditano.
AURELIO SELLES NONDEDEU
AURELIO SELLES gran conocedor de sus cantes Gaditanos, dejo a su Cádiz a la altura más grande que existe en la historia del cante flamenco, en los años 1.925 y 1.926 viaja por toda España y países extranjeros, en el año 1.965 la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces le otorga el Premio Nacional del Cante, cantaor Gaditano que nos dejo la más pura Escuela de los cantes de Cádiz.

<img src="Eurelio Sellés.jpg" alt="dibujo de cantaor de Cádiz">


AURELIO SELLES NONDEDEU, cantaor Payo, más conocido en la historia del cante flamenco con el nombre artístico de AURELIO SELLES, único para nuestra historia del cante flamenco puramente gaditana,  nació en Cádiz en el año 1.887 y murió en Cádiz en el 1.974, también se le conoció como EL TUERTO AURELIO o AURELIO DE CÁDIZ, fue un cantaor de la más pura aristocracia flamenca, ha sido el sucesor de la más pura escuela gaditana de los cantes de Cádiz, perfecto conocedor de los estilos de Enrique el Mellizo, dándole su única y perfecta versión, en el año 1.964 se le pone en Cádiz una calle con su nombre, se le han hecho muchísimos homenajes de su arte por ser el mas puro y perfecto conocedor de los cantes gaditanos.

Fuente:
http://www.elartedevivirelflamenco.com

jueves, 24 de octubre de 2013

Manuel Torre en Cómic

Manuel Soto Loreto
Manuel Torre fue un cantaor flamenco nacido el 5 de diciembre de 1878 en Jerez de la Frontera (Cádiz) y fallecido en Sevilla en 1933.
Su verdadero nombre fue Manuel Soto Loreto, el apodo Torre proviene de su padre también cantaor y natural de Algeciras al que se le llamaba así debido a su estatura, según algunos testimonios, parece ser que su segundo apellido era "Leyton" y no Loreto, que era el nombre de su mujer.

<img src="Manuel Torre.jpg" alt="dibujo de cantaor Jerezano">
En 1923 participó como artista invitado junto a La Niña de los Peines en el festival que se celebró en el Palacio de Carlos V de Granada.
En 1926 actuó en el homenaje que se celebró en el Teatro Pavón de Madrid a otro gran cantaor Manuel Vallejo.
Realizó grabaciones de 25 cantes, soleares, seguiriyas, fandangos, bulerías, malagueñas, tangos, peteneras y saetas, entre otros.
Fue el primer cantaor en interpretar una versión aflamencada del tema Los campanilleros, que después popularizó La Niña de la Puebla.
De su enlace con María Soto Loreto "la Feonga",,,nacieron Grabiela ,Amparo, María, Tomasa y Consuelo,
Dejó un legado de biznietos que también están en el mundo de la música: Bernarzo Vázquez, Las Chamorro, Celede Juana, Joseito Vázquez y Juan Antonio.

Generosa herencia de gitanos jóvenes de la que e incluso hay contables en multinacionales,como José, Manuel y Rocío.

Cantaor. Figura gigantesca del cante, a quien Fernando de Triana llamó "cantador de leyenda". Gitano analfabeto -el hombre "con mayor cultura en la sangre" para García Lorca-, pero en posesión de una singular sabiduría para todo lo relacionado con su arte. Escuchó a los maestros jerezanos anteriores a él, pero seguramente quien más le influyó fue Enrique el Mellizo, con quien tuvo mucho trato en su etapa juvenil. La primera vez que el joven oyó cantar al viejo maestro, Manuel, llorando, se quería tirar por la ventana. Hizo toda su vida profesional en Sevilla, requerido muy joven por los cafés cantantes, aunque la noche de su presentación en el Novedades concluyó que le daba miedo ver tantas luces. Fue entonces cuando conoció a una guapa bailaora, Antonia Torres Vargas la Gamba, con quien se casó y tuvo dos hijos. Y ha contado Manuel Barrios que, en la casa en que vivía, "ocurre, cada noche, algo sorprendente, y es que las vecinas esperan, hasta altas horas, porque cuando Manuel llega, 'a las tantas', les susurra la nana a sus niños". Fue, probablemente, el cantaor con más duende de la historia, y también el más sometido a la tiranía de esa misteriosa fuerza inspiradora de lo jondo. "Tó lo que tiene soníos negros tiene duende", decía. En torno a sus dichos, y sus hechos, se ha construido casi toda la inquietante teoría sobre el duende flamenco. Nadie como él conoció la angustia de buscar y no tener esa fuerza sin igual de inspiración, en noches negras que se hicieron famosas porque no podía cantar y la gente pedía la cárcel para él. Más memorables fueron sus noches de gloria. "Se te metía el sonío suyo en el oído y ya no lo perdías en tres semanas" (Pericón de Cádiz). Pepe de la Matrona fue testigo de una de aquellas noches negras en Madrid, en que el jerezano había estado para matarlo. Ya clareando el día salieron a la terraza a tomar un café, y entonces Manuel le dijo al guitarrista: "Oye, coge la bajañí que voy a cantar dos veces, ahora que me ha cogío bien". Y decía el de la Matrona que había cantado de manera absolutamente memorable: "Puso el pie en uno de los veladores aquellos, el otro tocándole, y cantó tres coplas por seguiriyas que el suelo temblaba. Yo no he visto otra cosa igual. Lo tengo metío en la cabeza y no se me olvida, no se me pué olvidar..." Manuel Torre fue un cantaor largo, que hizo casi todos los estilos y en todos -en unos más y en otros menos- dejó la firma de su personal genialidad. Pero en algunos fue verdaderamente único. La saeta, que elevó a una excepcional categoría, dotándola de un dramatismo y un sentimiento que lastimaban. "Salía Manuel rabiando, salía medio templao, con la saeta como hablá, como hablándola, como hablá, para aluego le daba un arto a la saeta y aluego se la traía p'abajo y después p'arriba..., y se venía aquello abajo, la calle entera, un palmeterío, un vocerío que quitaba er sentío" (Tía Anica la Periñaca. Una impresionante saeta de Manuel Torre, en Sevilla, hizo llorar por segunda vez al ganadero Eduardo Miura una mañana de Viernes Santo: "Cuando cierra el pellizco del último ¡ay!, la gente que asiste, pasmada, al acontecimiento no aplaude ni vitorea. Todos sacan los pañuelos, en silencio, y la plaza de la Encarnación se convierte en un inmenso aletear de palomas blancas que piden una nueva saeta a aquel hombre fabuloso a quien un gitanillo, que le acompaña, dice, señalando a don Eduardo Miura: - Fíjate, primo, con la mala uva que se gasta criando toros y ahí lo tienes, que me lo has hecho llorar" (Manuel Barrios). Saetas que fueron recordadas como espeluznantes, y a las que se adjudica la costumbre sevillana de mecer rítmicamente los pasos, pero sin avanzar, a partir de la ocasión en que el capataz de los costaleros dio orden de avanzar cuando este cantaor iniciaba una saeta; fue obedecido el mandato, los costaleros elevaron sobre sus hombros el paso, pero se limitaron a moverlo rítmicamente sin avanzar, mientras Torre cantó cuanto quiso. "El más firme y primer puntal que sostiene el monumento saetero es, sin duda, Manuel Torre, puesto que a él se deben muchos de los vértices flamencos que se aprecian en la saeta moderna. El cante por saetas de Torre sobrepasó la línea de su personalidad humana y se evaporizó dentro de la mítica flamenca. Las saetas de Torre, son puras creaciones, consecuencia de su intenso y vigoroso fluir flamenco, más que como preconcebida idea. A partir de él, se transforma y se reviste con un eco profundísimo, lleno de matices peculiares. Torre marca un hito, y si históricamente no podemos hablar de quién fue el que inventó la primera saeta, sí podemos afirmar que el mundo saetero está dividido en dos grandes mitades: antes y después del coloso jerezano" (Melgar y Marín ). Portentoso siguiriyero, de una personalidad que marcó decisivamente todas las formas que recreó. Declaraba Juan Talega al autor: "El cante bueno duele, no alegra, sino duele. Yo no he oído, que me duela a mí fuerte, a nadie en el mundo más. Manuel hacía unas cosas, Manuel Torre hacía unas cosas que no tienen explicación. Todo lo que diga la gente es mentira. Hacía una cosa tan propia que no se parecía a nada, ni a nadie. Manuel barajaba cuatro o cinco cantes por soleares, ¡na más!, cuatro o cinco cantes, ¡chiquillo, pero los decía de una manera que te volvías loco! Lo oías una vez y no te se quitaba de la cabeza. Un eco, un ¡ay! tan raro, una cosa, no se parecía a nadie... Un sonido, un sonido... Mi padre lo trajo a casa y lo tuvo siete días en casa, a Pastora, y a él, a Arturo, a mi tío Joaquín... Y estuvieron en casa y yo le decía a mi padre: 'Papá, ¿pero Manuel canta mejor que Tomás el Nitri?' Porque a mi padre no se le podía discutir Tomás el Nitri. 'Es otra cosa diferente -decía-. Tomás el Nitri es el mejor cantaor que yo he oído, pero no me ha levantao del asiento como Manolo'." En 1996 ha salido el primer volumen de sus grabaciones completas, y habrá un segundo.

Fuente:
http://www.flamenco-world.com






miércoles, 23 de octubre de 2013

de Enrique "El Mellizo" , Dibujo

....en clave de Cómic

Su verdadero nombre fue Francisco Antonio Enrique Jiménez Fernández, debiendo su apodo a que su padre era mellizo por lo comenzó a conocérsele como Enrique el hijo del Mellizo.
Compaginaba su actividad musical y las actuaciones en los cafés cantantes de Cádiz con su profesión de puntillero y matarife en el matadero gaditano.
Sus cantes eran de enorme belleza según el testimonio de los que los que lo escucharon, pues carecemos de grabaciones. Se cuenta que el gran cantaor Manuel Torre lloró la primera vez que lo oyó cantar.



< img src="Enrique El Mellizo.jpg" alt="dibujo de cantaó gaditano">


EL MELLIZO. Nombre artístico de Antonio Enrique Jiménez Fernández, de origen familiar. Cádiz, 1848-1906. Cantaor. Padre de Antonio El Mellizo, El Morcilla y Carlota. Alternó su dedicación al cante con su oficio de matarife y sus intervenciones como puntillero en las plazas de toros, especialmente a las órdenes del matador Manuel Hermosilla, su amigo íntimo, y con anterioridad actuó como banderillero en las cuadrillas de El Lavi y El Marinero. Fue el descubridor de don Antonio Chacón, al escucharle en una fiesta celebrada en Jerez de la Frontera, en 1886, con motivo del triunfo de Hermosilla en una corrida, recomendándole para cantar con él en la famosa Velada de los Ángeles de Cádiz. Chacón que nunca olvidaría su gentileza, organizó, en 1894, un festival en el Teatro Eslava gaditano, para recaudar fondos con destino a librar del servicio militar a un hijo de El Mellizo, quien con tal ocasión cantó la siguiente siguiriya: Mira la vergüenza / que me has hecho pasar / de andar pidiendo limosna de puerta en puerta / por tu libertad. Siguiriya que al decir de Aurelio de Cádiz a José Blas Vega, la recreó en una de Triana. 

Considerado uno de los cantaores más creadores de su tiempo, especialmente por su personalísima y original malagueña, también se le atribuye la creación del cante por tientos, sobre la base de los cantes de El Marruro. En realidad fue un intérprete muy completo, cuya trayectoria artística se desarrolló principalmente en las reuniones y fiestas íntimas, aunque esporádicamente actuó en los cafés cantantes gaditanos La Jardinera, El Perejil y La Filipina. El retrato que de él se conoce, lo divulgó Augusto Butler, a quien se lo cedió el cantaor jerezano Juan Jambre. Ha sido Fernando Quiñones, el flamencólogo que más ampliamente se ha ocupado de la vida y el cante de El Mellizo, por lo que transcribimos seguidamente algunos de sus párrafos sobre el genial cantaor de Cádiz: «Su rareza es tamaña hasta en el plano de la estimación, ya que, aparte de no verse discutido ayer ni escatimado hoy por nadie, desde que empezó a cantar y pese a mostrarse a veces desigual o irregular de racha, y a no tratarse de un lucido profesional viajero, sino de un confinado trabajador del matadero gaditano, El Mellizo disfrutó en vida de un prestigio general entre toda la afición y los artistas de la Andalucía y la España de su tiempo. Su fama se extendió, en una época sin discos y sin medios de difusión, allí donde se cantase o se hablase de flamenco, sin disentimiento ni discusiones: tal vez porque tampoco pueden discutirse las manifestaciones y los fenómenos naturales; hay que aceptar el trueno, la primavera, o el golpe de mar, y algo de sordo trueno huraño, de primavera delicada y de empuje de ola marina hubo, y perdura, en el estilo y los estilos de Enrique El Mellizo, algo violento y tierno, claro y misterioso a un tiempo, distinto y grande, cuya casi imposible combinación hizo posible su genio... 

Dueño de un físico insignificante, más bien ingrato, según puede apreciarse en su foto de extraño sombrero y corbata, tristón y romántico por naturaleza, de un atributo y otro deberían nutrirse las aguas vivas de su arte. Es bien conocida, por ejemplo, la historia de su frustración en ciertos enconados amores, frustración que dio origen a la fantástica malagueña doble, en la que los musicólogos han indagado incluso raros prefacios religiosos, arreglados a lo flamenco por el talento del Mellizo durante solitarios, desalentados y amargos vagabundeos por tabernas y templos de su ciudad natal... 

Débense al Mellizo, aparte de una clara influencia sobre muchas de las figuras que le siguieron y de una indiscernible colección de expresivas letras, la creación de los tientos y de la ya aludida malagueña doble, una de alegrías sobre tema de jota - con transformaciones totalmente nuevas- y la de, al menos, tres imborrables estilos de soleares y dos de siguiriya...». 

Otro flamencólogo que se ha ocupado de El Mellizo y sus cantes ha sido Ricardo Molina: Los buenos cantaores, cuando hablan ex cátedra de Enrique Jiménez conocido por el mote de Enrique El Mellizo, dicen casi indefectiblemente que era un gran músico. Esto, en lenguaje artístico flamenco, se traduce por cantaor dotado de inventiva y de capacidad de adaptación. Sin embargo, definir a Enrique El Mellizo por su virtud musical no es suficiente... - Enrique El Mellizo respondió con más genialidad que nadie (y con más originalidad también) al tipo de cantaor enciclopedista o general. Pero con el mérito de dominar cada cante en particular con la profundidad de un especialista y la personalidad inconfundible de un creador. Siguiriyas, soleares, malagueñas y tangos fueron sus cantes predilectos y en todos ellos dejó la impronta de su genio». En 1970, la Semana Cultural Gaditana Alcances le dedicó un homenaje, consistente en el descubrimiento de una lápida en la casa donde vivió y una sesión de cante en la Escuela Náutica, con la participación de José Menese, acompañado a la guitarra por El Niño de los Rizos, y la presencia de Aurelio de Cádiz y Pericón de Cádiz. Una peña con su nombre se fundó en Cádiz, en 1972. 


http://www.enriqueelmellizo.com

viernes, 4 de octubre de 2013

dibujo de José Maria El Tempranillo

...en clave de Cómic.

José María Hinojosa Cobacho llamado "el Tempranillo" (en la pedanía de Jauja en Lucena, Córdoba, 21-24 de junio de 1805  Alameda, Málaga, 23 de septiembre de 1833) fue un bandolero español rebelde y liberal que actuó en Sierra Morena.

<img src="El Tempranillo" alt="dibujo de Bandolero">




Nació en una pedanía de Lucena llamada Jauja en la actual provincia de Córdoba. Era hijo de Juan y María, los cuales eran jornaleros, al igual que sus abuelos. José no tuvo estudios y desde muy niño tuvo que trabajar como jornalero junto a sus padres y al servicio de un señorito de la zona.
Con tan solo 15 años empieza su vida como bandolero. La causa de tal modo de vida se encuentra en el día 29 de septiembre de 1820 en la romería de San Miguel en donde mató a un hombre. Hay tres hipótesis sobre el crimen que cometió; la primera es la de que José venga la muerte de su padre; la segunda vengando la violación de su madre ya viuda; y la tercera es de la de José enamorado de Clara, una niña de Jauja. Al final de la romería hay un baile en donde un hombre adulto importuna a Clara, José se enfrenta al hombre y se bate en duelo de navajas, saliendo José victorioso al triunfar su navaja y asesinar a su contrincante. El hecho se sabe y debe huir, ya que la pena impuesta para este delito es la de la muerte en la horca. Cogió el primer caballo que vio y se lanzó a los montes de Sierra Morena para sobrevivir.
En su primeros años como bandolero se dedicó al contrabando y se incorporó a la banda de los Siete niños de Écija, los cuales se ganaban la vida robando a todos aquellos que se encontraban por la sierra. Aquí fue donde le apodaron "el Tempranillo", tal vez por lo pronto que tuvo que huir de la justicia. En esta banda se encontraba José Ulloa, "el Tragabuches", el cual era bandolero a causa de matar a su mujer y al amante de ésta. A pesar de estar durante unos dos años con esta banda, donde aprendió bastante, José, con 18 años, creó la suya propia. Se especializó en asaltos a carruajes y diligencias, sobre todo de la Hacienda del Reino. El rey Fernando VII no sabía cómo parar estas grandes oleadas de bandoleros que se estaban produciendo en el sur de España y mandó grandes batallones especializados de soldados, llamados migueletes.
En 1825 con 20 años ya le seguían 14 hombres, todos mayores que él. Cualquiera que pasara por Sierra Morena tenía que vérselas con él y su banda. Sin embargo, se le conocía como "el bandido bueno", ya que era capaz de repartir más dinero a sus compañeros que a él mismo y si un pueblo estaba en situación precaria, él daba grandes dineros a cambio de refugio. En otras ocasiones ayudaba a gente pobre, como a un arriero que llevaba a un burro moribundo, ya que era lo único que poseía para trabajar y mantener a su numerosa familia. "El Tempranillo" le propuso que comprara la mula del herrero de la zona por 1.500 reales que él mismo le daba. El arriero compró la mula, y unos bandoleros fueron al día siguiente a pedir al herrero los 1.500 reales, a lo que éste tuvo que acceder al decir los bandoleros que venían de parte del "Tempranillo". Siempre luchó contra los caciques y los latifundistas.
Muchos de los huidos de la justicia se unían a él y llegó a contar con 50 hombres, entre ellos, "el Lero", "el Venitas", "el de la Torre" o "el Veneno". Muchos de ellos eran héroes de la Guerra de la independencia.
Su golpe más famoso y espectacular fue en Écija, cuando asaltó y robó una gran diligencia que llevaba gran cantidad de dinero de la Hacienda. Tenía una especie de servicio de espionaje a lo largo de los pueblos donde la gente le informaba sobre los movimientos de los hombres del Rey. Asimismo, contaba con las informaciones del correveidile del gobernador de Sevilla, un individuo que atendía al nombre de Pedro Ignacio Ángulo Martín, natural de Salamanca, extremadamente inteligente y taimado. Controló todos los pasos de Sierra Morena y cobraba peaje a todo carruaje que quisiera adentrarse por aquellos parajes. Sus acciones llegaron a recorrer no solo España sino también Europa lo que llevó a escritores como Prosper Mérimée, el cual dijo: En España manda el Rey, pero en Sierra Morena manda "el Tempranillo", a escribir sobre él. También lo conocieron pintores como J.F. Lewis que fue el que mejor lo retrató, como un hombre de poca estatura, fuerte, y con penetrantes ojos grises. Vestía con una chaqueta fina y camisa de algodón, y entre su faja siempre llevaba dos pistolones y dos navajas.
Aparte de sus asaltos y delitos, se demostró que no era perverso ni asesino despiadado, como otros bandoleros conocidos. Por ejemplo, trataba muy bien a las damas a las que robaba. Cuando asaltaba a un carruaje era el primero en ayudarlas a bajar ofreciendo su brazo, luego se las llevaba a la sombra y les iba quitando las joyas mientras decía:Una mano tan bella no necesita estas alhajas, y las damas suspiraban por él. Se casó con María Jerónima Francés, una joven y bella gaditana, ella quedó embarazada y el 6 de enero de 1832 estaba a punto de parir en un cortijo de Grazalema, cuando los migueletes rodearon el cortijo y atacaron a la casa donde estaban el bandolero y su mujer. "El Tempranillo" respondió al ataque y los soldados del Rey no se atrevían a asaltar la casa por miedo a que hubiera más bandoleros. En medio de tantos disparos y pánico, María, muy nerviosa, murió en el parto y el niño recién nacido a duras penas sobrevivió. Viendo esta situación, "el Tempranillo" actuó con rapidez, atándose el cuerpo de su amada muerta a la espalda, a su hijo en la faja y salió al galope del cortijo montado en su caballo en medio de los disparos de los migueletes sin resultar ni siquiera herido. Al día siguiente entregó el cadáver de María a la familia de ésta y el 10 de enero fue a bautizar a su hijo en la iglesia de Grazalema. Cuando llegó aquí la gente estaba asustada por una posible represalia del bandolero, pero "el Tempranillo" no hizo nada y nadie llamó a las autoridades, respetando así su dolor.
En agosto de 1832, Fernando VII dio el indulto a todos aquellos que quisieran servir a la ley y ser libres, liquidando a todos los bandoleros que no se unieran a la propuesta. "El Tempranillo" habló con sus hombres diciéndoles que si le siguen serán libres y no serán arrestados, pero que si no le seguían los buscaría y los llevaría al cadalso. "El Lero", "el Venitas" y "el de la Torre" se le unieron, pero "el Veneno" dijo que lo buscaran, que nunca dejaría de ser lo que era. Así empezó una lucha entre bandoleros bien urdida por el Rey. En diciembre de ese año cayó "el Veneno", siendo ajusticiado.
En plena lucha entre bandoleros, el día 23 de septiembre, "el Tempranillo", cerca de una hacienda que tenía en Alameda (Málaga), se topó con una emboscada de un antiguo compañero, "el Barberillo", quien le disparó hiriéndole mortalmente poniendo fin a su vida con 28 años.