jueves, 24 de octubre de 2013

Manuel Torre en Cómic

Manuel Soto Loreto
Manuel Torre fue un cantaor flamenco nacido el 5 de diciembre de 1878 en Jerez de la Frontera (Cádiz) y fallecido en Sevilla en 1933.
Su verdadero nombre fue Manuel Soto Loreto, el apodo Torre proviene de su padre también cantaor y natural de Algeciras al que se le llamaba así debido a su estatura, según algunos testimonios, parece ser que su segundo apellido era "Leyton" y no Loreto, que era el nombre de su mujer.

<img src="Manuel Torre.jpg" alt="dibujo de cantaor Jerezano">
En 1923 participó como artista invitado junto a La Niña de los Peines en el festival que se celebró en el Palacio de Carlos V de Granada.
En 1926 actuó en el homenaje que se celebró en el Teatro Pavón de Madrid a otro gran cantaor Manuel Vallejo.
Realizó grabaciones de 25 cantes, soleares, seguiriyas, fandangos, bulerías, malagueñas, tangos, peteneras y saetas, entre otros.
Fue el primer cantaor en interpretar una versión aflamencada del tema Los campanilleros, que después popularizó La Niña de la Puebla.
De su enlace con María Soto Loreto "la Feonga",,,nacieron Grabiela ,Amparo, María, Tomasa y Consuelo,
Dejó un legado de biznietos que también están en el mundo de la música: Bernarzo Vázquez, Las Chamorro, Celede Juana, Joseito Vázquez y Juan Antonio.

Generosa herencia de gitanos jóvenes de la que e incluso hay contables en multinacionales,como José, Manuel y Rocío.

Cantaor. Figura gigantesca del cante, a quien Fernando de Triana llamó "cantador de leyenda". Gitano analfabeto -el hombre "con mayor cultura en la sangre" para García Lorca-, pero en posesión de una singular sabiduría para todo lo relacionado con su arte. Escuchó a los maestros jerezanos anteriores a él, pero seguramente quien más le influyó fue Enrique el Mellizo, con quien tuvo mucho trato en su etapa juvenil. La primera vez que el joven oyó cantar al viejo maestro, Manuel, llorando, se quería tirar por la ventana. Hizo toda su vida profesional en Sevilla, requerido muy joven por los cafés cantantes, aunque la noche de su presentación en el Novedades concluyó que le daba miedo ver tantas luces. Fue entonces cuando conoció a una guapa bailaora, Antonia Torres Vargas la Gamba, con quien se casó y tuvo dos hijos. Y ha contado Manuel Barrios que, en la casa en que vivía, "ocurre, cada noche, algo sorprendente, y es que las vecinas esperan, hasta altas horas, porque cuando Manuel llega, 'a las tantas', les susurra la nana a sus niños". Fue, probablemente, el cantaor con más duende de la historia, y también el más sometido a la tiranía de esa misteriosa fuerza inspiradora de lo jondo. "Tó lo que tiene soníos negros tiene duende", decía. En torno a sus dichos, y sus hechos, se ha construido casi toda la inquietante teoría sobre el duende flamenco. Nadie como él conoció la angustia de buscar y no tener esa fuerza sin igual de inspiración, en noches negras que se hicieron famosas porque no podía cantar y la gente pedía la cárcel para él. Más memorables fueron sus noches de gloria. "Se te metía el sonío suyo en el oído y ya no lo perdías en tres semanas" (Pericón de Cádiz). Pepe de la Matrona fue testigo de una de aquellas noches negras en Madrid, en que el jerezano había estado para matarlo. Ya clareando el día salieron a la terraza a tomar un café, y entonces Manuel le dijo al guitarrista: "Oye, coge la bajañí que voy a cantar dos veces, ahora que me ha cogío bien". Y decía el de la Matrona que había cantado de manera absolutamente memorable: "Puso el pie en uno de los veladores aquellos, el otro tocándole, y cantó tres coplas por seguiriyas que el suelo temblaba. Yo no he visto otra cosa igual. Lo tengo metío en la cabeza y no se me olvida, no se me pué olvidar..." Manuel Torre fue un cantaor largo, que hizo casi todos los estilos y en todos -en unos más y en otros menos- dejó la firma de su personal genialidad. Pero en algunos fue verdaderamente único. La saeta, que elevó a una excepcional categoría, dotándola de un dramatismo y un sentimiento que lastimaban. "Salía Manuel rabiando, salía medio templao, con la saeta como hablá, como hablándola, como hablá, para aluego le daba un arto a la saeta y aluego se la traía p'abajo y después p'arriba..., y se venía aquello abajo, la calle entera, un palmeterío, un vocerío que quitaba er sentío" (Tía Anica la Periñaca. Una impresionante saeta de Manuel Torre, en Sevilla, hizo llorar por segunda vez al ganadero Eduardo Miura una mañana de Viernes Santo: "Cuando cierra el pellizco del último ¡ay!, la gente que asiste, pasmada, al acontecimiento no aplaude ni vitorea. Todos sacan los pañuelos, en silencio, y la plaza de la Encarnación se convierte en un inmenso aletear de palomas blancas que piden una nueva saeta a aquel hombre fabuloso a quien un gitanillo, que le acompaña, dice, señalando a don Eduardo Miura: - Fíjate, primo, con la mala uva que se gasta criando toros y ahí lo tienes, que me lo has hecho llorar" (Manuel Barrios). Saetas que fueron recordadas como espeluznantes, y a las que se adjudica la costumbre sevillana de mecer rítmicamente los pasos, pero sin avanzar, a partir de la ocasión en que el capataz de los costaleros dio orden de avanzar cuando este cantaor iniciaba una saeta; fue obedecido el mandato, los costaleros elevaron sobre sus hombros el paso, pero se limitaron a moverlo rítmicamente sin avanzar, mientras Torre cantó cuanto quiso. "El más firme y primer puntal que sostiene el monumento saetero es, sin duda, Manuel Torre, puesto que a él se deben muchos de los vértices flamencos que se aprecian en la saeta moderna. El cante por saetas de Torre sobrepasó la línea de su personalidad humana y se evaporizó dentro de la mítica flamenca. Las saetas de Torre, son puras creaciones, consecuencia de su intenso y vigoroso fluir flamenco, más que como preconcebida idea. A partir de él, se transforma y se reviste con un eco profundísimo, lleno de matices peculiares. Torre marca un hito, y si históricamente no podemos hablar de quién fue el que inventó la primera saeta, sí podemos afirmar que el mundo saetero está dividido en dos grandes mitades: antes y después del coloso jerezano" (Melgar y Marín ). Portentoso siguiriyero, de una personalidad que marcó decisivamente todas las formas que recreó. Declaraba Juan Talega al autor: "El cante bueno duele, no alegra, sino duele. Yo no he oído, que me duela a mí fuerte, a nadie en el mundo más. Manuel hacía unas cosas, Manuel Torre hacía unas cosas que no tienen explicación. Todo lo que diga la gente es mentira. Hacía una cosa tan propia que no se parecía a nada, ni a nadie. Manuel barajaba cuatro o cinco cantes por soleares, ¡na más!, cuatro o cinco cantes, ¡chiquillo, pero los decía de una manera que te volvías loco! Lo oías una vez y no te se quitaba de la cabeza. Un eco, un ¡ay! tan raro, una cosa, no se parecía a nadie... Un sonido, un sonido... Mi padre lo trajo a casa y lo tuvo siete días en casa, a Pastora, y a él, a Arturo, a mi tío Joaquín... Y estuvieron en casa y yo le decía a mi padre: 'Papá, ¿pero Manuel canta mejor que Tomás el Nitri?' Porque a mi padre no se le podía discutir Tomás el Nitri. 'Es otra cosa diferente -decía-. Tomás el Nitri es el mejor cantaor que yo he oído, pero no me ha levantao del asiento como Manolo'." En 1996 ha salido el primer volumen de sus grabaciones completas, y habrá un segundo.

Fuente:
http://www.flamenco-world.com






4 comentarios :

  1. Precioso articulo y precioso dibujo.bss.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Son los ojos, ahí encuentras la esencia de los personajes.

    Tienes un arte!

    Un beso.

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